Este libro es un experimento. Lo fue, al menos, en el momento de su concepción. Y esto se debe a que los seguidores del movimiento que engloba todo lo que tiene que ver con el rap hemos vivido siempre una clara contradicción: la de conocer de primera mano el valor de nuestra cultura —pues la vivimos con la profundidad y la trascendencia de una cultura—, pero, a la vez, sentir el desinterés por parte de la academia hacia ella.
A muchos esto les da lo mismo: viven conectados a su cultura con independencia de la aceptación externa que esta tenga. Y lo mismo ocurre desde el otro lado: las instituciones académicas continúan su milenario desarrollo sin el más mínimo interés por la evolución de un nuevo movimiento. Pero a algunos, sea por pertenecer a ambos mundos, sea por sufrir dicha contradicción, esto nos importa, y vivimos como propia la responsabilidad de tender puentes entre ambos.
Ese es el sentido de mi obra respecto al rap. Las figuras retóricas en el rap es un ensayo propio de la tradición más académica volcado sobre un objeto que sé —y he aquí las pruebas que lo demuestran— que puede ser estudiado por ella, nutriéndose así mutuamente. La elección del tema —las figuras retóricas— responde a esa necesidad de obtener conclusiones académicas objetivas y descriptibles sobre el carácter literario —es decir, artístico, y por lo tanto subjetivo—. Eso es lo que se presenta en este libro.